El último filme del español Pedro Almodóvar trae un gusto sabroso al paladar de quien aprecia pensar desde el cine los temas del mundo contemporáneo y degustar, claro, la desopilante estética del glamoroso cineasta. Así, el trabajo titulado La Piel que Habito, desnuda una provocación: imaginar que la identidad es siempre resultado de una política sobre el deseo. Es decir, el autor parece tomar de un perchero del que cuelgan distintos ropajes, las identidades de cada uno de los personajes de la trama.
La política sobre el deseo va de la venganza por una violación hasta la exorcización de la infidelidad, mediante una obsesiva transformación de un cuerpo, que luego será objeto de placer. Una plástica en la que se cambia una piel por otra, muda el cuerpo pero no su identidad. Del maltrato devine siempre una reparación, de la ausencia, una madre siempre afligida, de una muerte, una renovación.
La estética que podría pensarse previsible en la obra de Almodóvar, aquí apela a la metáfora de la piel como enmascaramiento de aquello que no se es, o no se puede ser, o se quiere ser. No hay en la trama lugares comunes, en todo caso una sutil reiteración de la figura materna que queda siempre como el fondo de todas las preguntas y de todas las tragedias.
El fondo de la historia es acaso una moraleja sobre la vida misma, en el sentido de la deparación con la imposibilidad de controlar nuestros deseos o en todo caso de ennoblecerlos pese a las normas y valores. La ciencia en este caso, es técnica que diseña una piel resistente, que sostiene un ser, como también acude a interrogar por el lugar de la ética en la creación humana. Así, el arte de re-hacer la vida, puede ser monstruosa, amenazadora, o bien, promisoria, para aplacar ese impulso tanático, al fin de cuentas siempre actualizado después que alguna seguridad es puesta en vilo.
Finalmente, Almodóvar nos deja con la Piel que Habito, el antojo de imaginar un mundo donde el arte es siempre una especie de cura, de salida de emergencia, cuando todas las certezas se acaban.
(Edson Joanni y Elsa Ponce)
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